Última actualización el 12 de abril de 2026
El Montecristo Platinum No. 2 es un torpedo de gran porte que intenta apartarse de la suavidad dominicana clásica de la marca para moverse hacia un terreno de mayor cuerpo, apoyado en una capa San Andrés, un capote nicaragüense y una tripa multinacional con tabacos de República Dominicana, Nicaragua y Perú. Sobre el papel, es una liga con potencial para combinar rusticidad, especia, cierto dulzor terroso y una complejidad aromática menos lineal de lo habitual en Montecristo. En la práctica, sin embargo, este cigarro dejó una impresión dual: tuvo una primera mitad bien construida y técnicamente convincente, un segundo tercio con pérdida clara de carácter, y un cierre que solo logró recomponerse tras un retoque. Esa irregularidad evolutiva explica por qué termina siendo un cigarro bueno y disfrutable, pero no plenamente sólido de principio a fin.
Ficha técnica
Nombre completo: Montecristo Platinum No. 2
Vitola: Torpedo
Dimensiones: 6 1/8 x 52
Capa: San Andrés, México
Capote: Nicaragua
Tripa: República Dominicana, Nicaragua y Perú
Fábrica: República Dominicana
Fortaleza declarada: Full
Fortaleza percibida: Media a media-alta
Intensidad promedio: 6/10
Tiempo de fumada: 95 minutos
Puntuación equivalente sobre 5.0: 4.43 / 5.0
El trabajo de liga
La idea central de esta liga está clara: utilizar la capa San Andrés para aportar el eje terroso, dulce y especiado; usar el capote nicaragüense como soporte estructural y de pimienta; y dejar que la tripa multinacional construya una firma más compleja, con rusticidad aromática, pan tostado, café y una cierta textura cremosa o redonda. En este cigarro, la liga sí entrega complejidad en el arranque y un perfil aromático atractivo, pero no logra sostener la misma presión sensorial a lo largo de toda la fumada. El tabaco peruano y el componente dominicano parecen ayudar a la apertura y al balance, pero también contribuyen a una caída de densidad y pegada en el segundo tercio. La liga tiene recursos; lo que no tuvo aquí fue continuidad plena.

Presentación y construcción inicial
En mano, el puro se sintió sólido, bien equilibrado y con buena sensación de llenado. Visualmente mostró una presencia atractiva, con capa de tono marrón aceitoso, vetas visibles, aspecto algo rústico y una apariencia seria, más orientada a fortaleza que a refinamiento cosmético. La boquilla y el cuerpo lucían bien ensamblados, y el cigarro transmitía desde antes del encendido una impresión de estructura confiable.

En nariz aparecieron cedro y especias. El encendido fue fácil. Desde las primeras caladas produjo humo abundante y un tiro preciso, con la resistencia justa, uno de los puntos más consistentes de toda la experiencia. Desde el inicio se notó que era un puro técnicamente competente: el flujo de aire fue excelente y la combustión arrancó con autoridad.
Desarrollo de la fumada
Primer tercio
El primer tercio fue claramente la mejor carta de presentación del cigarro. En las primeras caladas aparecieron tonos equilibrados de especias, un toque moderado de pimienta y una presencia clara de cedro. El humo en boca fue denso, con buena textura, y la intensidad se asentó inicialmente en 6, dentro de un rango medio-completo. La pimienta no irrumpió de manera agresiva; actuó como nota acompañante y, sobre todo en el retro nasal, dejó una sensación especialmente sabrosa, viva y bien integrada.

Con el avance de este tercio comenzó a desarrollarse una faceta de pan horneado y luego pan tostado, uno de los matices más interesantes del cigarro en su fase temprana. El cedro fue perdiendo protagonismo individual para integrarse en el conjunto, mientras la combustión se mantuvo muy bien controlada. La línea de quema mostró leves irregularidades, pero no representaban ningún problema real. Hacia el final del primer tercio apareció una nota de chocolate todavía intermedio, no plenamente oscuro, pero suficiente para confirmar que la liga estaba entrando en su núcleo gustativo. También resultó muy particular el retro nasal, donde junto a la pimienta se percibía una sensación fresca, casi mentolada, más tarde interpretable como una suerte de regaliz o licorice especiado. Todo esto hizo del arranque una fase expresiva, rica y técnicamente convincente.
Segundo tercio
El segundo tercio comenzó todavía bien, con combustión impecable y tiro excelente. La ceniza nunca fue especialmente hermosa ni compacta, pero el puro seguía funcionando muy bien. En sabores aparecieron madera tostada, chocolate intermedio, café espresso y una mineralidad que venía insinuándose desde el comienzo y aquí se acentuó ligeramente. La pimienta disminuyó, pero al principio esa reducción no parecía problemática, porque el cigarro todavía conservaba cierta organización interna.

El problema vino después. La intensidad, que había oscilado entre 6 y algunos picos de 7, comenzó a asentarse en 5 y por momentos incluso en 4. La madera tostada pasó a comandar casi sin contrapeso, mientras el chocolate perdió relieve, el café dejó de crecer y el conjunto comenzó a fumar “bien”, pero ya sin verdadero empuje. Este fue el punto crítico de la fumada. El puro no se volvió desagradable ni desordenado, pero sí perdió carácter. Esa caída de presión sensorial en el segundo tercio es precisamente el tipo de evolución que penaliza una liga que en su primera parte había prometido más. El cigarro mantuvo corrección, pero dejó de construir profundidad.
Último tercio
La entrada al último tercio no trajo una recuperación espontánea. La madera tostada continuó comandando, acompañada por un café tipo americano, sin azúcar, más ligero que el espresso detectado antes. El chocolate intermedio se volvió cada vez menos notable, la pimienta seguía ausente y la intensidad se estabilizó alrededor de 5, con producción abundante de humo, pero una densidad en boca ya solo media. A estas alturas, el cigarro quemaba lento y parecía avanzar con mucha parsimonia, algo que alargó la fumada pero no necesariamente enriqueció la experiencia.

La combustión, que hasta ahí había sido funcional aunque con borde irregular, finalmente se descompensó con más claridad. Apareció sabor requemado en el final, acompañado de una línea de quema bastante irregular. El puro no se apagó, pero esa irregularidad ya estaba comprometiendo la expresión del sabor. Hubo entonces un retoque, y allí ocurrió lo más revelador de toda la fumada: la corrección de la combustión devolvió al cigarro parte importante de lo que había perdido. Desapareció la sensación de requemado, reapareció el tono mentolado que luego se entendía mejor como licorice, regresó la pimienta, volvió el chocolate intermedio y la intensidad escaló otra vez hasta 7. En ese tramo final, el Montecristo Platinum No. 2 recordó claramente al primer tercio y cerró con mucha mayor dignidad de la que había insinuado minutos antes.
Ese cierre, sin embargo, debe leerse con honestidad técnica: no fue una evolución natural sostenida, sino una recuperación lograda tras intervención. El puro cerró bien, sí, pero porque el retoque restableció una combustión homogénea que le permitió volver a expresar su mejor registro.
Combustión y desempeño técnico
Este fue un cigarro de comportamiento técnico mixto. El tiro fue excelente durante toda la fumada: preciso, justo, sin obstrucciones ni flojedad excesiva. La producción de humo fue siempre generosa. La combustión, por su parte, fue muy buena durante buena parte del recorrido, aunque visualmente la ceniza resultó irregular, escamosa y poco atractiva. Aun así, en la primera mitad eso no afectó el desempeño real.

La penalización viene en el último tramo. Allí la línea de quema se volvió claramente desigual y apareció una nota requemada que delató una combustión interna descompensada. El puro necesitó un retoque para corregir la trayectoria y, una vez corregido, mejoró de forma muy notable. Eso confirma dos cosas al mismo tiempo: primero, que la liga todavía guardaba sabor; segundo, que la construcción no fue lo suficientemente autosuficiente como para sostenerlo por sí sola hasta el final. Técnicamente, entonces, fue un cigarro bueno, pero no impecable.
Perfil sensorial consolidado
El perfil consolidado de este Montecristo se mueve en torno a cedro, especias, pimienta moderada, pan horneado, pan tostado, madera tostada, chocolate intermedio, café espresso en la mitad, café americano hacia el tramo final, mineralidad moderada, frutos secos y un retro nasal muy particular entre pimienta fresca, sensación mentolada sutil y licorice. El aroma fue intenso, terroso y rústico. Nunca hubo sobresaturación, y eso puede verse como virtud de equilibrio; el problema es que esa moderación terminó bordeando la pérdida de carácter en la segunda mitad.
No fue un cigarro de cacao oscuro dominante ni de espresso sostenido. Se quedó en una zona de chocolate medio y café oscilante, con la madera tostada como columna más persistente. Cuando la combustión estuvo en orden, el perfil fue agradable y bien articulado. Cuando la combustión se abrió o el cigarro perdió impulso, la liga quedó demasiado apoyada en la madera, con menos profundidad de la que su arquitectura prometía.
Conclusión general
El Montecristo Platinum No. 2 dejó una fumada de contrastes. Tuvo una apertura convincente, bien construida, con humo denso, buena presión en boca, un retro nasal particularmente atractivo y una paleta de sabores que insinuaba un recorrido más complejo de lo que finalmente entregó. En la mitad perdió fuerza estructural, se volvió más lineal y dejó que la madera tostada tomara el mando sin suficiente oposición del chocolate, el café o la pimienta. En el tramo final llegó incluso a mostrar sabor requemado y quema bastante irregular, hasta que un retoque oportuno le devolvió parte de su mejor versión y permitió un cierre mucho más vivo, con regreso de pimienta, licorice, chocolate intermedio y mejor intensidad.
La conclusión técnica es clara: este cigarro tiene momentos buenos e incluso muy buenos, pero no la consistencia necesaria para ser considerado una expresión verdaderamente notable dentro de su segmento. Su problema no es de concepto, sino de continuidad. Cuando está encendido sobre una combustión pareja, enseña sus virtudes; cuando esa armonía se rompe, también se rompe buena parte de su carácter. Por eso termina siendo un cigarro disfrutable y serio, pero no uno que deje huella profunda.
✔️ A favor
- Excelente tiro durante toda la fumada
- Buena combustión general (estable la mayor parte del tiempo)
- Humo abundante con buena sensación en boca en la primera mitad
- Primer tercio bien logrado, con equilibrio y evolución (pan tostado, especias, chocolate emergente)
- Retro nasal distintivo y atractivo (pimienta con matiz tipo licorice)
❌ En contra
- Fading evidente en el segundo tercio (pérdida de intensidad y carácter)
- Falta de profundidad sostenida (cacao y café se quedan en nivel intermedio)
- Dominio excesivo de madera tostada en la segunda mitad
- Combustión irregular al final con aparición de notas requemadas
- Dependencia de retoque para recuperar perfil y cerrar correctamente
🏆 PUNTUACIÓN FINAL
88.5 / 100 — CORRECTO
Categoría: Cumple sin dejar huella
👉 No repetir salvo circunstancia




